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viernes, 20 de abril de 2012

The beaver


Antes que nada y por las dudas, The Beaver (el Castor), no es una comedia. Es un anómalo drama familiar, extraño, con brisas de humor infantil y negro en un oscuro y extremista ambiente surrealista que linda con la inocencia y las muchas miserias de la vida familiar, entre el autoaislamiento, la soledad, las expectativas como ser humano y la constante búsqueda de la felicidad.






La siempre impecable Jodie Foster ha regresado al mundo de la dirección con la película El castor (The beaver), traducida también como Mi otro Yo y protagonizada por Mel Gibson, bajo la producción de Keith Redmon y el guión de Kile Killen. En la rueda de prensa del filme en el festival de Cannes del 2011, el año pasado, sólo Foster, Killen y Redmon se presentaron. “(Gibson) Estará aquí, pero no hablará” comentó la directora. Para algunos, debido a los últimos y constantes escándalos del actor, esta puesta en escena sería un reflejo de su vida privada y su regreso ¿Hasta qué punto se parecen Walter y Gibson? Ni idea, pero cual sea la razón, su actuación es impecable, profunda y sorprendente, llena la pantalla y demuestra una vez más su capacidad de actor sin tener que caer en un histrionismo plástico al interpretar a su alter ego. Sin duda, su elección para el papel es uno de los grandes aciertos del filme.

Walter Black (Gibson), un emprendedor y exitoso hombre de negocios en la industria de los juguetes y padre de familia, atraviesa por una profunda depresión que conlleva graves secuelas para su familia y su empresa. Una vez tocado fondo y habiendo intentado quitarse la vida más de una vez se esconde tras una marioneta de trapo a quien le cede el control de su vida y su personalidad para, de alguna manera, recobrar la calma, dejar atrás el dolor y reconectarse con el mundo. Un Mr Hide manejado de manera compulsiva por su mano convertido en su refugio y su bastión, "Todo el mundo necesita un amigo y tú me tienes a mí".





La dirección de Jodie Foster es más que correcta, sólida, elegante, sobria y muy académica. Sin embargo, la radiografía familiar no se ve tan beneficiada por la historia que se entreteje paralelamente que, si bien es cierto, inicialmente parece ser refrescante, se torna con el pasar del tiempo en exagerada e inverosimil. Un subtrama protagonizado por los actores Anton Yelchin (Porter, el mayor de los dos hijos de Walter) y Jennifer Lawrence (Norah, la porrista), que busca un desenlace paralelo con el principal que cómodamente llegue a una conclusión definida para sostener su propuesta: La aceptación de sí mismo y las diferentes formas en que cada cual afronta sus demonios. Paralelo innecesariamente protagonista que nunca llega a cuajar del todo.






Jodie Foster (Meredith Black, la esposa de Walter), logra esa química necesaria con Gibson. Delicada y segura funciona, sin pretenciones, sin excesos, pero también sin protagonismo. Pese a su muy conocida capacidad actoral y lejos de explotar dicha virtud, Foster nunca llega a convertirse en protagonista del filme. No llega a ser más que un testigo, casi sin importancia, probablemente una decisión para no distraer la atención ni el ritmo del filme que, pienso, le ha restado posibilidades. Cherry Jones completa el staff con una correcta interpretación.

La taquilla no le ha dado sido generosa, algo que ya se veía venir. Beaver es una película no muy fácil de digerir, entre el humor y el ridículo, entre lo extraño y lo cotidiano, entre un drama familiar y una sátira social. Al final, resulta una película muy recomendable y que funciona, entre algunas risas, la locura, la duda y el drama, así, tal cual es la vida.






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