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domingo, 4 de noviembre de 2012

¿Conspiraciones? El Apra y Sánchez Cerro


Sánchez Cerro en su vehículo descapotado (hispano-suiza) antes de su asesinato





El asesinato de Luis M. Sánchez Cerro siempre fue la oscura joroba que el Apra ha debido cargar, gratuita o con mérito. Un peso que ha ido menguando sus pasivos, pese a la suspicacia, gracias al tiempo y a la falta de memoria. Son muy pocas sus menciones así como su recuerdo, y no son muchos los apristas que conocen de esta parte de la historia, como tal. Basadre ("Benavides y el asesinato de Sánchez Cerro"), así como otros, parecieran aportar indicios de quién o quienes podrían haber estado detrás del magnicidio perpetrado por el aprista Abelardo Mendoza Leiva, aun sin la certeza que la conveniente y deliberada indiferencia nos arrebató.


Para los años 30, el Perú se había sumergido en una profunda crisis económica, producto de la crisis mundial de 1929 reflejada en inestabilidad social, protestas y en el golpe de estado del comandante Luis Miguel Sánchez Cerro al entonces presidente Augusto B. Leguía en agosto de 1930, para luego, después de seis meses, entregar el mando a una Junta de gobierno que tras puyas (hasta 6 Juntas se disputaron el poder), la sexta, presidida por el Dr. David Samanez Ocampo, finalmente convocara a elecciones generales para elegir un Presidente de la República y un Congreso Constituyente. Estas disputas por el poder entre sectores militares se mantendrían vigentes, reflejándose en diferentes sublevaciones de forma independiente o en alianzas, durante los siguientes años, después de estas elecciones.

Mientras, un joven de 36 años, Victor Raúl Haya de la Torre, regresa del exilio sufrido durante el gobierno de Leguía desde 1923, e inició su campaña electoral recorriendo Talara, Paita, Sullana en Piura, y Tumbes hasta su cierre en Lima, en la Plaza de Acho, el 23 de agosto, ante una gran cantidad de simpatizantes en el que exclamara, en el corolario de su discurso, su célebre frase "Sólo el aprismo salvará al Perú" (SEASAP), haciendo estallar de fervor y algarabía, a los apristas.

Es así que al año siguiente, en octubre de 1931, el otrora golpista y otros tres candidatos, postularon a las presidenciales. Luis M. Sánchez Cerro, con el lema "El Perú sobre todo" representaba al partido Unión Revolucionaria, con el apoyo de los partidos Social Demócrata, Social Nacionalista y el Regional NacionalistaVictor Raúl Haya de la Torre candidateaba por el Apra, Arturo Osores por la Coalición Nacional, y José María de la Jara Ureta por el Partido Unión Nacional




"Enormes masas de gente fueron a depositar sus sufragios y esperaron el turno correspondiente sin agresiones de ninguna clase. No hubo hechos de sangre ni abusos el día que fue ejercido el acto cívico. Alrededor de 300 mil electores depositaron sus votos a favor de los cuatro candidatos presidenciales y de una multitud de candidatos al Congreso" 
Diario el Comercio
12 de octubre de 1931


"(Sánchez Cerro) era un hombre común, mestizo de raza con mezcla de blanco, de indio y de negro, en contraste con Haya blanco puro, cuyos blasones trujillanos se remontan al siglo XVI. Un caudillo de esencias humildes. Lo querían e idolatraban las mujeres de los mercados. (Es decir, los sectores populares) La leyenda de virilidad lo rodeaba. Era joven, dinámico, resuelto agresivo, pintoresco orador popular”. 
Jorge Basadre Grohmann
Historiador
"Historia de la República del Perú"



Pese a la novedosa presencia y el hipnotismo de su brillante oratoria, Haya de la Torre no consiguió los votos necesarios para hacerse del sillón presidencial, la victoria de Sánchez Cerro fue categórica. Su condición de mestizo y de haber logrado lo que nadie había podido en once años (Sacar a Leguía) habían sido determinantes, sobretodo en el sector rural. De los 300 mil electores aproximadamente, Sánchez Cerro obtuvo 152 mil votos (50.75%), Haya de la Torre 106 mil (35.38%), De la Jara 21,921 (7.32%), y Osores 19,653 (6.55%). 



“Sánchez Cerro gozó en los primeros momentos de auténtico apoyo popular y unánime respaldo ciudadano”. 
Víctor Villanueva
Mayor del Ejército, periodista e historiador aprista
"El militarismo en el Perú"



El ex dictador había obtenido más votos que los otros candidatos juntos, sin embargo, sólo La Jara y Osores reconocieron su derrota; los apristas, en cambio, acusaron al ganador, sin evidencia alguna, de fraude, justificando así la violencia que desatarían con el fin de desestabilizar al nuevo gobierno, asegurando que había necesidad de cambios urgentes para beneficio de la población. 

Los apristas desataron atentados y motines, incluso en la vivienda del recién elegido presidente, ubicada en la avenida Arenales, terminando esta en llamas, así como en la de su partido donde murieron ocho militantes.




Discurso de Haya de la Torre en la Central del Apra en Trujillo (Martes 13 de octubre de 1931)



Según Basadre, ya desde el 6 de diciembre había debido perpetrarse la Revolución aprista con el fin de impedir el ascenso de Sánchez Cerro a la presidencia, así lo habían planeado. Sin embargo, esta no llegó a concretarse. El 8 de diciembre se instalaría oficialmente el Congreso Constituyente y el presidente Luis Sánchez Cerro asumió el poder. 

Los "Compañeros", palabra con la que fraternalmente se llaman entre sí los miembros del Apra, como lo hacen los partidos de tendencia comunista y/o izquierdista en América latina (como Brasil, Argentina, Chile o México, donde fue fundado el Apra; en otros paísesse emplean sinónimos como 'Camarada' o 'Correligionario'. En el Perú se emplea 'Camarada'), fueron perseguidos, acusados de ser los perpetradores del vandalismo y de ser 'Comunistas'. Esta persecución se hizo posible a través de una ley de emergencia que el gobierno promulgó para controlar las violentas protestas. En febrero de 1932, veintidós parlamentarios, entre apristas y descentralistas, fueron expatriados, acusados de ser conspiradores y estar de común acuerdo con los subversivos.

No cabe duda lo bien que tituló su libro de investigación acerca de estos tiempos, Guillermo Thorndike, El año de la Barbarie.

El 6 de marzo de 1932 en la Iglesia de Miraflores, José Melgar Márquez, nuevamente un joven militante aprista, llevó a cabo otro atentado contra la vida de Sánchez Cerro. Uno de sus disparos perforó un pulmón del mandatario; así mismo, el Jefe de la Casa Militar, el entonces coronel Antonio Rodríguez, también fue alcanzado por los proyectilesEl mayor Luis Solari, edecán de Sánchez Cerro, logró capturar al joven de 18 años en el momento de su huida cuando pretendía subir a un auto que lo esperaba. Después de una operación de urgencia y 40 días de descanso, el presidente retornó al Palacio el 17 de abril. Melgar y Juan Seoane Corrales, acusado de haber proporcionado el arma homicida, fueron sentenciados a pena de muerte; pena para la que Sánchez Cerro, a través del Congreso tuvo que volver a instaurar a raíz de la reiteración de estos atentados, con la promulgación de la ley 7491, ya que la pena capital había sido abolida anteriormente. La ilegalidad de la retroactividad era evidente. El obispo de Arequipa y decano del Colegio de Abogados, el doctor Encinas, así como diferentes instituciones y personalidades solicitaron al Congreso la conmutación de la pena de muerte; incluso las madres de los condenados y otros familiares, se entrevistarían el 17 de mayo con la madre del presidente doña Rosa Cerro de Sánchez para que interceda ante su hijo.

Tras el atentado, Haya de la Torre se escondió y se mantuvo en la clandestinidad, oculto en el domicilio del señor Carlos Plenge en Miraflores. Dos meses después, el 6 de mayo, la Policía logra capturarlo. El líder aprista es procesado y termina encarcelado en el Panóptico.

El 25 de mayo, tras la autorización del Congreso en homenaje a la celebración del Hábeas Cristi y en atención al pedido del obispo de Arequipa, Sánchez Cerro conmutó la pena de muerte por la de internamiento. Se dice que Sánchez Cerro habría comentado al respecto, a Antonio Miró Quesada de la Guerra, en ese momento director del diario El Comercio, “Lo repetirán. A Ud. y a mí nos matarán”. Efectivamente, Miró Quesada sería asesinado junto a su esposa María Laos Argüelles, con tres y un disparo respectivamente, el 15 de mayo de 1935, en la Plaza San Martín, frente al Teatro Colón, a la 1 y 45 de la tarde. El homicidio sería perpetrado por otro aprista, el dirigente de la Federación Aprista Juvenil Carlos Steer Lafont, de tan sólo 19 años de edad. Lo mismo pasaría luego con el presidente; el autor del crimen sería también un aprista.

En los primeros días de julio, circulaba en Trujillo el rumor de que iba a estallar una revolución, sin embargo las autoridades, como el prefecto La Riva, no prestaron la importancia debida. El jueves 7 de julio, a las dos de la madrugada, un grupo de militantes apristas de la hacienda Laredo y estudiantes del Colegio San Juan, comandados por el compañero Manuel Barreto, conocido también como “Búfalo”, y por los que constituirían la guardia aprista (Los Dorados), que se distinguían por su entrenamiento militar, armados de machetes, palos, carabinas, escopetas, revólveres, y bombas artesanales hechas con la pólvora sustraída de los almacenes de la hacienda, asaltaron el Cuartel de Artillería Teniente coronel Ricardo O’Donovan, ubicado en los extramuros de la ciudad de Trujillo. Una vez adentro, hicieron estallar bombas y petardos de dinamita en las cuadras donde los soldados dormían, matando a un número significativo de estos. Posteriormente "los apristas de Chicago" del Sector I, al mando de Juan Delfín Montoya, con un camión en cuyo frente habían instalado un tubo grueso de fierro, rompieron la puerta principal del Cuartel.

La batalla duró más de tres horas y causó numerosas bajas en ambos lados. "Búfalo" fue uno de los primeros en caer muerto durante el enfrentamiento; sin embargo, pese a esto, los insurgentes tomaron el poder, el cuartel fue sometido y saqueado, y las armas, entre ellas seis cañones móviles, fusiles y ametralladoras, fueron distribuidas entre los insurrectos que, armas en mano, se dispusieron a tomar la ciudad. Así, se hicieron de la Prefectura y su jefatura fue asumida de facto por el sublevado Agustín "Cucho" Haya de la Torre, hermano de Víctor Raúl. El prefecto La Riva había decidido rendirse ante la amenaza de un cañón colocado en el atrio de la Catedral apuntando directamente a sus oficinas y la presencia de una violenta muchedumbre, con la promesa de que sus vidas serían respetadas. El prefecto y el personal fueron conducidos a la Cárcel Central de Santo Domingo donde los insurgentes ordenaron poner en libertad a los reclusos, muchos de ellos peligrosos asesinos. Así mismo, se dispusieron a perseguir a los partidarios y simpatizantes del gobierno; los buscaron en sus casas, las allanaron y las saquearon. Agustín Haya de Torre, entonces, desde los balcones de la Prefectura, pronunció un discurso a la multitud que se encontraba en la plaza, entre vivas. En medio del júbilo, se izó La bandera roja indoamericana del partido aprista.







Fue en este preciso momento en que la revolución pareció quedarse sin rumbo. No existió un plan a seguir después de la toma del cuartel. Probablemente nunca esperaron llegar tan lejos o tener éxito en la empresa que se habían propuesto. El Capitán Rodríguez Manffaurt afirmó que cuando Agustín Haya de la Torre le pidió aceptara liderar la plaza, le dijo: “En cuanto a la situación interior, no puedo luchar contra los jefes que han hecho este movimiento tan descabellado. Yo ignoraba por completo que tal cosa se preparase, ni cuáles serán sus proporciones. Estoy deshecho, ayúdeme. Dentro de una hora, dos o tres, comenzarán a llegar las comisiones. Posiblemente traerán más gente de las haciendas. No sé que hacer”. 




"Para los apristas de la 'vieja guardia', el aprismo no constituye una doctrina política-social; para ellos es solamente una fe. El aprista no piensa, solamente siente; su actitud es meramente sentimental y emotiva, de ningún modo intelectual ni consciente. Rinde culto al 'jefe' y lo sigue sin importarle mucho ni poco hacia dónde se dirige" 
Víctor Villanueva
Mayor del Ejército, periodista e historiador aprista
"El Apra y el Ejército"




En respuesta a la revuelta, el gobierno envió tropas del Regimiento N° 7 y el Congreso se reunió de urgencia aprobando el estado de sitio y la creación de cortes marciales. Dos días después, el 9 de julio las tropas que encabezaba el Coronel Miró Quesada desembarcaron en Salaverry, y con el apoyo de dos compañías, llegó por tierra a Chimbote recuperando el puerto que había sido capturado. Mientras, desde el norte, el jefe de la región militar de Lambayeque, Coronel Manuel Ruíz Bravo, se desplazó con la mayor fuerza operativa del gobierno. Al atardecer de ese sábado, los revolucionarios ya se veían sentenciados a la derrota. 

Así, los apristas quienes habían instado a la población a sumarse a su causa, entre oradores, militantes y los Dorados, con preparación militar y manejo de armas, huyeron a Cajamarca para después dispersarse, dejando a los civiles que se habían unido a su gesta, desprotegida y a merced del ataque. Agustín se mantuvo escondido en una hacienda hasta la amnistía de 1933. Mientras tanto en Trujillo, en la cárcel de Santo Domingo, a medianoche, probablemente enfurecidos y en venganza por el inminente fracaso, los que quedaron para defender la causa, emplazaron dos ametralladoras en la parte alta del patio y obligaron a sus prisioneros a salir de sus celdas para abrir fuego sobre ellos. Así mismo se dio la orden para trasladar a los oficiales que retuvieron en el Club Central, en el Centro Escolar y en el local de la Sociedad Entre Nous, a quienes ultimaron a culatazos, con machete y a palos. 

Los sesenta cautivos quedaron masacrados, mutilados y saqueados en una orgía de sangre. Entre los cadáveres destacaba el del Comandante Silva Cáceda, Jefe de Artillería, a quien le habían dado especial escarmiento; su corazón había sido extirpado y le mutilaron los dedos para sacarle la sortija. Al Capitán Villanueva le arrancaron los genitales. La mayoría de las víctimas tenían el cráneo partido y el cerebro afuera y se hallaron 400 balas aproximadamente. Aunque algunos autores indican que esta barbarie fue resultante de una posible última orden de la cúpula aprista antes de huir, los apristas, por el contrario, le echaron la responsabilidad a los convictos recién liberados. Sin embargo, cabe la pregunta ¿Por qué los delincuentes liberados se ensañarían justamente con Silva Cáceda? Cabe recordar que el coronel Aurelio García Godos había planeado un levantamiento combinado en Lima y en Trujillo, para el cual habría buscado el apoyo del Apra asegurando que contaba con la adhesión de los soldados del Regimiento de Artillería Nº1 del Cuartel O’Donovan a cargo de Silva Cáceda quien se había comprometido con apoyar su causa, así como de la 1ra Compañía del Batallón de Infantería Nº1, que había llegado a Trujillo. Sin embargo el comandante se desentendió de la rebelión y entregó el control del cuartel al capitán Canal Guerra, leal a Sánchez Cerro. No fue gratuito que aparecieran en las paredes de las calles de Trujillo, pintas que decían “Silva Cáceda traidor”. García Godos, junto a los coroneles Juan O’Connor, de la fuerza aérea y Eulogio Castillo, del Ejército peruano serían capturados un día antes de la toma del cuartel, en el frustrado levantamiento en la Escuela de Aviación de Las Palmas, que se habían propuesto como parte del levantamiento combinado.




“Ni Agustín Haya ni sus colaboradores adoptaron medidas que abrieran el camino hacia una revolución social. No entregaron la tierra a los campesinos, las fábricas a los obreros o los ingenios a los trabajadores de las haciendas industrializadas. Tampoco proclamaron la abolición de la propiedad privada o el desconocimiento de la deuda pública; ni organizaron consejos de obreros, campesinos y soldados”  
Jorge Basadre Grohmann
Historiador
"Historia de la República del Perú"






Diario El Comercio (16 de julio de 1932)




En la madrugada del 11 de julio, tras un intenso bombardeo aéreo y terrestre, un gran despliegue de tropas inició la ocupación de la ciudad. El 18 de julio, el jefe de operaciones, Coronel Luis Bravo, informó tener pleno control territorial, luego de cometer numerosas represalias por los homicidios en la cárcel de Santo Domingo, contra la población civil en Chepen, Mansiche, Casa Grande, Ascope y Cartavio. De los Ciento dos condenados a pena de muerte por una “Corte Marcial” sin ninguna garantía e independencia, instalada en el local de la Beneficencia Pública de Trujillo, sólo cuarenta y dos fueron dirigidos a la ciudadela de Chan Chan, obligados a cavar las fosas que se convertirían en sus tumbas. Era pues que un gran número de los sentenciados a la pena capital habían huido. El Ejército, enardecido por la masacre a los cautivos, había realizado juicios sumarios con fusilamientos inmediatos, bastaba con que los capturados tuviesen huellas de culateo del fusil en la clavícula. Se les dio fin el 27 de julio de 1932. "Las ruinas de Chan Chan se convirtieron en un matadero" (Jorge Basadre).

El ministro de Hacienda Ignacio Brandariz, alertó a Sánchez Cerro de los fusilamientos extrajudiciales. Basadre cuenta que ante esta información, el presidente  exclamó “Esto no es justicia, es un crimen, acompáñeme a las oficinas de telégrafos de Palacio”. Inmediatamente ordenó enviar un telegrama a Trujillo, No fusilen ni una persona más. Del cumplimiento de esta orden me responden ustedes con su propia vida”.

El número de ejecuciones clandestinas, hasta hoy, se desconoce. Algunos aseguran que fueron más de cuatrocientas personas, mientras que los apristas aseguran que fueron mil, o casi seis mil. Esta última cifra parece ser consecuencia, algo inflada, del manifiesto que el propio Haya de la Torre hiciera el 12 de noviembre de 1933, en el que afirmase que hubieron 4 mil víctimas; seguramente en busca de una mayor adhesión, y no a información real. Aunque cabe mencionar que el líder aprista se refería a todas las bajas durante la revuelta, incluidas a las que cayeron en combate, y no solo a las ejecuciones ilegales. Lo cierto es que este fue también un crimen atroz que significó un golpe muy duro y doloroso para el Apra quienes señalaban al presidente como único responsable de todo lo sucedido. Así también, la llamada revolución aprista fue un golpe duro para las fuerzas armadas quienes, por casi medio siglo, no le perdonaron este episodio al Apra.




“Nada hay que confirme esa cifra (Seis mil víctimas). El Apra no ha publicado jamás documento alguno para respaldar tal afirmación” 
Víctor Villanueva
Mayor del Ejército, periodista e historiador aprista
"El militarismo en el Perú"




En Huaraz, el 14 de julio, el mayor López Mindreau después de haber capturado a las autoridades y tomar la ciudad, intentó parlamentar sin éxito con el Ejército que llegaba de Lima para intentar convencerlos de unirse a su causa. Mindreau se había enterado que en Trujillo la revolución había caído. El ejército limeño se negó al pedido y antes de 48 horas su levantamiento fue aplastado. En Cajabamba, donde varios apristas habían huido de Trujillo, el combate no duró más de tres horas. Todo había terminado y la revolución fue un fracaso.

La provincia de Leticia, se encontraba sin motivos técnicos ni históricos en manos de Colombia, gracias al Tratado limítrofe, basado en La Cédula Real de 1802, Salomón-Lozano, suscrito el 24 de marzo de 1922 por Augusto B. Leguía, según se dice, por presión política de los Estados Unidos de Norteamérica para compensar a Colombia, por el despojo de Panamá (que hasta antes de 1903 era parte de su territorio), para retomar sus relaciones con el país cafetero. También, según denuncia de la época, por el pago a Leguía de siete de los diez millones de pesos que Enrique Olaya Herrera, pidiese prestado al congreso colombiano para la defensa de la posesión territorial de Leticia. La Junta Patriótica de Loreto, creada en Iquitos el 27 de agosto de 1932 e integrada por los ingenieros D. Oscar Ordóñez de H., Luis Arana Zumaeta, los doctores Ignacio Morey Peña, Pedro del Águila Hidalgo, Guillermo Ponce de León, Manuel I. Morey, el teniente coronel Isauro Calderón, el capitán de corbeta, Hernán Tudela y Lavalle, entre otros, con el apoyo del ejército, la marina, la aviación y la policía de esa región, determinaron la recuperación de Leticia. 




“En Iquitos, a los veintisiete días del mes de agosto de  mil novecientos treinta y dos, siendo las ocho y treinta p.m. reunidos en la casa de la calle Ramírez Hurtado, (consultorio del doctor Ponce), los señores: teniente coronel D. Isauro Calderón, capitán de corbeta, D. Hernán Tudela y Lavalle, ingenieros D. Oscar H. Ordóñez de la Haza, y D. Luís A. Arana, doctores D. Guillermo Ponce de León, D. Ignacio Morey Peña, D. Pedro del Águila Hidalgo y D. Manuel I. Morey, se procedió a dar lectura  al compromiso de honor presentado por el ingeniero Ordóñez, que encierra el juramento solemne para llevar a cabo el plan patriótico de reivindicación de los territorios cedidos a Colombia por el tratado de 1922 que debe iniciarse con la toma de Leticia”

acta de fundación de la Junta Patriótica de Loreto




El 1 de setiembre de 1932, catorce días antes de la fecha que estratégicamente habían hecho creer al enemigo y sin conocimiento de las autoridades en Lima, irrumpieron en el local de la municipalidad de Leticia y en otras dependencias, detuvieron a sus ocupantes, policías y civiles. Fue izada la bandera peruana y se dio cuenta del hecho al gobierno de Sánchez Cerro. Los peruanos, casi en su totalidad civiles, sin mayor violencia y con mucha valentía, habían doblegado a las autoridades colombianas que se habían hecho de dicha población, dominaron a la policía local y la hicieron huir rumbo al Brasil, apoderándose del poblado. 

Entretanto, Sánchez Cerro, al momento de enterarse, se mostró renuente a esta acción. El mandatario pensó que este enfrentamiento era una rebelión a su gobierno (como otras tantas), y no la recuperación de Leticia. Sin embargo, al ser informado sobre los detalles del suceso, respaldó la gesta reconociendo a sus autores, declarándolos "Beneméritos de la Patria". Así mismo inició la preparación del país para la guerra y consolidar la recuperación de la provincia cautiva; esto, pese a los notables esfuerzos de Estados Unidos de Norteamérica, por la vía diplomática, por evitar que el gobierno peruano, no desconozca el cuestionado Tratado Salomón-Lozano.




"En última instancia, supongo que uno de los dos caerá, yo o Sánchez Cerro"

palabras de Enrique Olaya Herrera
entonces presidente de Colombia, según Alberto Donadio








La armada colombiana y las fuerzas peruanas se enfrrentaron en diferentes circunstancias; en El Encanto, el combate de Tarapacá, Chavaco, Guepi, entre otros. En mayo, el presidente envió dos fuerzas navales: La Fuerza Avanzada del Atlántico FAVA, constituida por el BAP Grau y los submarinos R-1 BAP Islay, y R-4 BAP Arica, vía Belem do Pará para hacer frente a las fuerzas colombianas y mercenarios contratados por el enemigo, misión que cumplieron con éxito; y la segunda, la Fuerza Naval del Pacífico constituida por el BAP Bolognesi y los submarinos R-2 BAP Casma y R-3 BAP Pacocha, los que partieron del Callao para, en caso estalle la guerra, bloquear la costa del Pacífico de Colombia, neutralizar las fuerzas al mando del General colombiano Vásquez Lobos, y detener el tráfico marítimo. Así mismo, el gobierno decidió enviar más refuerzos, como el crucero Lima, el cazatorpedero Teniente Rodríguez, y los destructores Almirante Villar y Almirante Guise. Sánchez Cerro estaba decidido a ganar.

En la mañana del 30 de abril de 1933, Luis M. Sánchez Cerro, presidente del Perú, pasó revista en el entonces Hipódromo de Santa Beatriz, hoy Campo de Marte en el distrito de Jesús María, en Lima, a los treinta mil soldados que partirían para sumarse a los cinco mil hombres que esperaban en Iquitos y a las demás fuerzas ubicadas en las zonas de conflicto. El presidente había determinado una ofensiva, para llegar hasta el Caquetá, y sellar con esto la recuperación de Leticia. Al terminar la ceremonia y retirarse, Sánchez Cerro se subió al vehículo descapotado. A su izquierda se ubicó el Presidente del Consejo de Ministros, José Matías Manzanilla y, en los asientos anteriores se colocaron el entonces coronel Antonio Rodríguez, Jefe de la Casa de Gobierno y al costado derecho el teniente Elías Céspedes del Regimiento Escolta; el automóvil era conducido por Raúl Rodríguez y de copiloto se encontraba Torres Ugarte.

El presidente ordenó avanzar al chofer y así lo hicieron junto a la escolta. De pronto, cuando el auto se había alejado aproximadamente unos cien metros de la puerta del hipódromo, bajó la velocidad y el joven militante aprista Abelardo Mendoza Leiva, armado con una pistola Browning automática calibre 45, rompió la fila de gendarmes y se precipitó sin dificultad, obstáculo, ni resistencia de los custodios, entre ellos, el coronel Rodriguez antes mencionado, hombre de confianza de Oscar R. Benavides, hacia el mandatario, y subiéndose al estribo del vehículo se apoyó con la mano izquierda en la capota, y disparó con la derecha a quemarropa a la espalda del presidente. Sánchez Cerro se desplomó hacia adelante producto de los impactos. Después de dos horas de agonía, con sólo 43 años de edad, el mandatario fallecería en el Hospital Italiano ubicado en la actual avenida Abancay, a la una y diez de la tarde. Abelardo Mendoza Leiva, su verdugo, cayó de un balazo en la cabeza y fue acribillado al instante, y masacrado en el lugar en que había caído, a punta de culatazos y bayonetazos de la misma escolta que no evitó se acercase lo suficiente para consumar el atentado. Con la presurosa muerte del aprista se eliminó a la única persona que pudo haber informado acerca de los responsables intelectuales.  




"No puede uno evitar el sentimiento de gratitud hacia el pobre asesino de Sánchez Cerro, cuya bala acabó con la carrera de ese hombrecillo perverso y mal aconsejado y que condujo a la desinte­gración de su régimen represivo e intolerante” 


Fred Morris Dearing
embajador de los Estados Unidos en el Perú (Mayo 23 de 1930, a Junio 3 de 1937)
declaraciones desde los Estados Unidos



El cadáver del presidente fue remitido por la Sexta Comisaria a la morgue donde se le practicó, el 8 de mayo, la autopsia de ley, por Pedro A. Gálvez Mata, Alberto Lainez Lozada, Florencio Salazar G. y Luis Grados. Basadre cuenta que en el peritaje balístico, se certificó ocho orificios de bala en el auto presidencial, tres en la parte de atrás y cinco en la capota, pertenecientes a cuatro armas diferentes, algunos ejecutados a una distancia significativa de la víctima. Respecto al mandatario, la autopsia, así como el informe del doctor Carlos Brignardello, uno de los médicos que asistieron a Sánchez Cerro antes de su muerte, revelan evidencias de que Mendoza Leiva no podría haber actuado solo; que los proyectiles provinieron de por lo menos cuatro direcciones distintas, pero todos a muy corta distancia; que los otros disparos eran de menor calibre que el del aprista, y que el impacto mortal no provino de su arma. El Dr. Carlos Brignardello detalla en ese informe (publicado en ese entonces en el diario El Comercio), que hubieron "dos clases de disparos", los de menor calibre de arriba abajo y que no fueron causa directa de la muerte del presidente y los otros de abajo arriba y de adelante hacia atrás, y al igual que los otros, a muy corta distancia. Sobre el disparo mortal refiere: "El orificio de entrada del proyectil se hallaba en plena región pre-cordial con aparente trayectoria de abajo hacia arriba y de adelante hacia atrás. Necesariamente, el proyectil que había sido disparado a corta distancia, por la deflagración se advertía en los tejidos alrededor del orificio de entrada, había tocado el corazón." 





"Muy pocos dudaron de la responsabilidad directa de la dirigencia del APRA en la consumación del crimen, y los apristas, los descentralistas, y algunos otros grupos, consideraron que la muerte del presidente era el correlato necesario a las masacres de los apristas de Trujillo, Chocope y otros pueblos"


Dra. Margarita Guerra Martiniere
Presidenta de la Academia Nacional de la Historia
Guerra, 1984, tomo XII





Nadie ha podido responder cómo es que Mendoza Leiva realizó tamaña proeza: perpetrar cuatro disparos por la espalda y otros dos frente a la víctima al mismo tiempo, desde distintos ángulos cuando él se encontraba a la espalda del presidente, y que lo hiciera con balas pertenecientes a armas que no tenía en el momento del atentado ¿Fuego amigo?, ¿Complicidad? La versión oficial sentenció que el joven actuó solo.




"Con la muerte de Sánchez Cerro se cumplía una predicción hecha en Bogotá por Olaya poco después de la invasión a Leticia «En última instancia, supongo que uno de los dos caerá, yo o Sánchez Cerro», había pronosticado el presidente, refiriéndose a la impopularidad de la derrota en el Amazonas. En efecto uno de los dos cayó, y a Sánchez Cerro lo mató no sólo la bala asesina sino una guerra que nunca fue popular en su país salvo en Loreto"

Alberto Donadio
escritor colombiano
"La Guerra con el Perú"




Esa misma tarde el Congreso decidió nombrar, con 81 votos a favor, precipitada e inconstitucionalmente, al general Óscar Raimundo Benavides Larrea para completar el período del difunto y popular gobernante. Inmediatamente el nuevo presidente ordenó disolver las tropas organizadas que desfilaron en el hipódromo de Santa Beatriz y el regreso al Callao de las flotas de la marina que, al mando del Comandante Héctor Mercado, se encontraban en Belem Do Pará, en Brasil, en ese entones, único paso para llegar a Iquitos. Cualquier gesta para recuperar el territorio perdido, había terminado con la muerte de Sánchez Cerro.





"Al identificarse el cadáver del autor del asesinado del Presidente de la República, General Luís M. Sánchez Cerro, se ha comprobado que fue un individuo llamado Abelardo Mendoza Leiva y el archivo de la Inspección General de Investigaciones tiene registrado al criminal por haber sido detenido en anterior oportunidad, en el mes de marzo del presente año en Miraflores, a causa de sus actividades aprocomunistas, partido al que pertenecía"

Comunicado del gobierno de O. Benavides después del atentado




El 25 de mayo de 1933, a sólo 25 días del asesinato, Óscar R. Benavides, quien había sido recibido con arcos triunfales en Iquitos en 1913 después de la batalla de La Pedrada en el Caquetá, cedía la provincia de Leticia a Colombia.

El 9 de agosto de 1933, Benavides promulga La Ley de Amnistía y Haya de la Torre, líder del Apra, fue puesto en libertad al día siguiente. Así mismo retornaron los apristas desterrados.




“La misión de esta fuerza al salir del Callao ha sido para defender los sagrados intereses de la patria y no para hacer entrega de nuestro territorio a ninguna comisión internacional"

Comandante Héctor Mercado
jefe de estado mayor, el capitán de Fragata Enrique Monge
parte de los navíos que enviara Sánchez Cerro para combatir a Colombia




Mendoza Leiva estuvo inscrito en el Apra, según Basadre, dos años antes del atentado, en 1931. Había sido detenido el 13 de marzo de 1933 en un allanamiento efectuado por la policía en una fonda ubicada en la calle Huáscar de Surquillo, y fue liberado 20 días antes del atentado. 




"El 30 de abril de 1933 llegó a su fin la tiranía de los dieciséis meses. Parecía increíble que, en tan breve lapso, hubiesen ocurrido tal cantidad de acontecimientos que llevaron al Perú a una guerra civil interna y a un desastre bélico internacional (El conflicto contra Colombia en busca de la recuperación de Leticia) (...) Hay quienes, desde las más diversas y encontradas posiciones políticas, condenan el magnicidio como tal, sin detenerse en sus motivaciones, ya sea por consideraciones humanitarias o por intereses personales (...) Los que fueron actores de aquel drama sangriento seguramente podrán explicar mejor la acción decidida y el sacrificio de Abelardo Mendoza Leiva, humilde y desconocido hombrecillo, a quien no se le podrá negar jamás el haber tenido el coraje de inmolar su propia vida para salvar al país de tanta ignominia". 
Percy Murillo Garaycochea
Escritor aprista
"Historia del Apra"




La noche del 29 de abril de 1933, había dormido en el local de la Federación Gráfica, donde estuvo pernoctando desde días anteriores.

Victor Villanueva cuenta en su libro "La sublevación aprista del 48", diferentes episodios que dejaría clara cierta cercanía entre las autoridades colombianas y Haya de la Torre. No es gratuito sea precisamente su embajada la que posteriormente él recurriría y lo acogiera. Así mismo asegura, como preámbulo de la insurgencia con la que titula su libro, que los apristas habían contactado con Oscar R. Benavides, quien recién había llegado de Londres para su nombramiento a General en Jefe del Consejo Nacional de Defensa, el 27 de marzo de 1932, a través de su primo y cuñado, el arquitecto Augusto Benavides, quien en su momento prestara su domicilio para que sirviese de escondite a Haya de la Torre, con quien lo unía desde tiempo atrás, una gran amistad. El motivo de la reunión sería poner fin a la persecución aprista y lograr la liberación de su líder. Suelta la posibilidad el autor, de que ambas partes hayan llegado a un acuerdo: El Apra eliminaría a Sánchez Cerro, Benavides se convertiría en presidente, pondría en libertad a Haya y convocaría a elecciones. Asegura Villanueva, que tras el acuerdo, militantes apristas se reunieron en casa de Mendoza Leiva en el óvalo de Miraflores para planear el magnicidio. Villanueva utiliza esto como sustento para justificar la intención del líder aprista de dejar a Benavides salir del país (para saldar su deuda por haber sido liberado del Panóptico), en caso derrocaran su gobierno en el posterior golpe de estado en su contra, 
en febrero de 1939, durante su segundo gobierno, que sería perpretado por el general Antonio Rodriguez, el otrora hombre de confianza de Benavides cuando éste era parte de la guardia que resguardaba a Sánchez Cerro en el momento de su asesinato (Fue uno de los señalados de haber disparado contra el presidente).


Cabe recordar que para ese golpe de estado, el del 39, Haya de la Torre habría de infiltrar en las sesiones espiritistas a las que asistía Rodriguez, como fiel creyente de la astrología y el espiritismo, a Manuel Cenzano, Medium aprista a quien se le encargó la misión de manipular al general para convencerlo que debe ser él quien derroque el segundo gobierno de Benavides y restablecer la democracia.

Ciertamente Benavides no sufrió de manifestaciones, ni atentados contra su vida, durante su gobierno en remplazo de Sánchez Cerro, sin embargo tampoco mostraría intenciones de llamar a elecciones. La Conspiración de El Agustino perpetrada por los apristas en noviembre de 1934, supuestamente por haber faltado al pacto con Haya de la Torre, rompería esa paz para retornar a las persecuciones apristas y los atentados del Apra.




"Haya estuvo detenido en la penitenciaría de Lima en 1932. Alrededor de su situación se tejían mil versiones, a cuál más dramática. Era preciso libertarlo, en cualquier forma, a cualquier precio. Lo mismo se hizo para sacarlo de la Embajada de Colombia en Lima (...) En 1933 el Apra entró en relaciones con Benavides que ya se encontraba en el Perú de regreso de Londres. Llegaron a un acuerdo: Esto también es un hecho. El Apra eliminaría a Sánchez Cerro, Benavides se haría cargo del poder, pondría en libertad a Haya y convocaría a elecciones: Esto es un supuesto. Los Conjurados apristas para matar a Sánchez Cerro se reunían en casa de Mendoza Leiva, en el Óvalo de Miraflores. Allí discutían sus planes, en presencia de Mendoza. Esto es un hecho (...) Hasta aquí ambos habrían cumplido con lo ofrecido. El Apra eliminó a Sánchez Cerro y Benavides liberó a Haya ¿Elecciones? Dejó de cumplir Benavides, y el Apra, en respuesta, abandonó su lema 'Serena y vigilante expectativa' para lanzarse en el terreno de las conspiraciones" 
Víctor Villanueva
Mayor del Ejército, periodista e historiador aprista
"La Sublevación aprista del 48"



Mendoza Leiva no tuvo jamás la capacidad de finiquitar, solo y sin ayuda, la vida del presidente ¿Quién tendría la capacidad de adormecer las medidas de seguridad del mandatario, de adormecer a los Gendarmes quienes debieron impedir el joven de rayas siquiera se acerque a Sánchez Cerro? ¿Cuál, quién o quienes fueron los nexos entre el autor material y sus presurosos victimarios? ¿Quién tendría la capacidad de juntar perro, gato y pericote por un mismo fin? Mendoza no estuvo solo y sus disparos no fueron los que ultimaron a la víctima: Este nunca fue un acto espontáneo, exclusivo y personal. El joven aprista no fue más que un peón, el chivo expiatorio al que sacrificaron para una empresa de mayores expectativas que la de un exacerbado fanatismo con el que se pretendió justificar el montaje. 

Hay más de una evidencia que señala que los artífices del asesinato fueron más de uno y que Mendoza fue la cara de este, para el público. Es evidente también que hay más de un agente a quien el magnicidio benefició y que bien, estos, pudieron haber estado, independientemente o de común acuerdo, detrás de la conspiración. Pese a las numerosas y convenientes coincidencias, vacíos y contradicciones que pudieron servir de motivaciones para desencadenar el asesinato del presidente, no hay certeza para señalar a los verdaderos artífices del asesinato; tal vez fueron aquellos quienes representaban una nueva forma de aplicar el materialismo histórico, tal vez de la mano de intereses particulares o internacionales, tal vez fue por las ansias de un general de ser presidente, tal vez fueron privados ajenos a intereses políticos pero coludidos con los intereses de un país vecino, tal vez desde la prisión, un bar o un partido, tal vez fue a cambio de salir de las rejas o a cambio de treinta monedas, tal vez por avaricia, pretensiones presidenciales, represalias, venganzas o alianzas, tal vez para solucionar distancias en las relaciones comerciales entre dos países, tal vez para poner fin a una persecución o compensar un país por quitarle parte de sus tierras, o tal vez parte de ello, o todo eso junto; todos interesados en apoyar la oscura suerte para el mandatario. 

De lo que sí hay certeza es que estos que impusieron intereses privados o ajenos, en contra a los de la nación, estos que pululan cobardemente entre el anonimato y la mascarada, en un afán político y sectario, se han convertido de la manera más soez y abyecta, no sólo en traidores de Loreto, sino y por sobretodo, de la patria.




"Una conspiración material queda terminada en el momento en que se detiene la mano que oprime el puñal; una conspiración moral no tiene término"

Napoleón Bonaparte






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