
En 1545 un arcabucero de nombre Gaspar Flores, natural de Villa de Baños de Montemayor, en Extremadura, España, partió del país ibérico en un viaje que terminaría en el Perú, deteniéndose durante su camino en Puerto Rico y Panamá, parte del virreinato de la Nueva España (algunos dicen que en realidad era natural de San German, Puerto Rico, y no de España como así está escrito en la placa de la casa de los Flores, que aún hoy en día se conserva). Dos años después llegaría al Perú, en 1547, como soldado del Pacificador Pedro de la Gasca, quien restableció la Real Audiencia en 1549 recuparando el dominio de la Corona tras la sublevación de Gonzalo Pizarro. El 9 de marzo de 1557 Gaspar Flores es nombrado arcabucero por don Andrés Hurtado de Mendoza, tercer Virrey del Perú (1556 - 1561). Ese mismo año, dos meses después, contraería nupcias el 1 de mayo de 1577 en Lima, con María de Oliva y Herrera, indígena convertida, natural de Huánuco. Al parecer, la clase criolla limeña del Virreinato trató de ocultar el origen mestizo de la santa. Y en la etapa republicana los prejuicios raciales heredados de la colonia impidieron aceptar el ingrediente autóctono de la afamada belleza de Santa Rosa de Lima, mostrando como criolla a María de Oliva ante una sociedad que no la conocía.