Quién, en el descubrimiento de su anatomía y su sexualidad, no ha jugueteado cariñosamente con aquellos coquetos, tímidos y arrugados personajes que cobran vida y garbo cuando la motivación en formas femeninas provocan su estirada y sólida predominancia? Qué varón, ruborizado, no se ha doblegado para ocultar su felicidad sexual en un momento público e incómodo cuando las equilibradas curvas de una mujer, que incidentalmente cruzan por el frente, le gritan a sus genitales: "crece y ven", exigiendo, si la imposibilidad de un acercamiento existe, en la soledad, saciar su instinto animal?
Todo varón, normal, dentro del crecimiento y la evolución de púber a hombre ha experimentado la autoestimulación de sus genitales por un goce sexual, al igual que muchas mujeres, pero ante la sociabilidad y el crecimiento de sus prácticas sexuales con su pareja, esta curiosa actividad pierde práctica, a medida que la edad avanza, sobre todo cuando la pareja es estable...





