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miércoles, 22 de octubre de 2008

me oriné


No soy mucho de dar importancia a esos mail que en cadena llegan con mensajes de apología sacra; sin embargo al leer este último, enviado por Vanessa V. , esperando una de esas historias en que la luz divina envuelva a los protagonistas de la historia, me conmovió la motivación de complicidad de como una oportunidad puede servir para dar una mano a quien, identificado con uno, pueda estar en aprietos.


Un niño de 9 años ubicado en su pupitre nota, de repente, que bajo sus pies hay un charco y la parte delantera de sus pantalones está mojada. El niño piensa que su corazón se va a detener porque no puede imaginarse cómo pudo haber sucedido: nunca antes le había pasado!!; el problema es que cuando los niños se den cuenta del impasse no habrá final y cuando las niñas se den cuenta, no volverán a hablarle mientras viva...

El niño agacha la cabeza y con los ojos cerrados, muy adentro empieza a suplicar: "Querido Dios!, ésta es una emergencia!, necesito tu ayuda ahora!, en 5 minutos estoy muerto!"; al levantar la cabeza, ve acercarse a la maestra con una mirada que revelaba había sido descubierto; en el trayecto de la maestra hacia su pupitre, una compañera de nombre Susie va cargando un pez dorado en una pecera llena de agua, Susie tropieza frente a la maestra y derrama todo el agua encima del regazo del muchacho. El niño aliviado, aparenta estar enfadado, mientras piensa: "Gracias Señor!, gracias, gracias, gracias!".

La profesora lo lleva rápidamente fuera del salón y le presta unos shorts para que se cambie en el salón de profesores; mientras los otros niños eran encargados de limpiar el desastre que había dejado Susie, quien trata de ayudar, a lo que los demás reaccionan apartándola, "ya has hecho suficiente, Torpe!".

Al salir de clases, el niño, mientas esperan el bus, se acerca a Susie y le murmura al oído, "lo hiciste a propósito, verdad?" y Susie responde con otro susurro, "Yo también me oriné una vez".



Las oportunidades para hacer bien están en todos lados; ¡Me gustó la historia!.



6 Miradas :

Anónimo dijo...

Yo también me oriné alguna vez... pero de tanto aguantar hasta querer llegar a casa, jajajaja no llegué al baño, nomas dejé que saliera el precioso líquido en paz, y ¡qué paz! deveras que es la cosa más deliciosa que puede suceder, dejar que la orina salga a su gusto, después de estarla conteniendo por todo el camino a casa y saber que ya no se puede más, y qué importa el resto, que se salga nomás.

Vera

Luisa Briceño dijo...

JAJAJAJAJA, que buena amiga. Parece que me falta bastante por leer, a ponerse al día.

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